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10 de septiembre de 2014

¿Cómo sería el mundo sin abejas? - What would the world without bees?

Luis Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España
«El 84% de los cultivos europeos depende de la polinización por insectos»

¿Qué es la polinización? ¿Por qué son importantes las abejas y demás polinizadores? Luis Ferreirim, responsable de Agricultura de Greenpeace España, nos explica cómo sería el mundo sin abejas y cuáles serían los costes naturales y económicos de su desaparición a partir de una premisa científica: la polinización por insectos es una pieza clave para la seguridad alimentaria

La polinización es el proceso por el cual el polen es transferido de los órganos masculinos de las flores a los femeninos, lo que permite la fecundación y da lugar a la generación de frutos y semillas. Hay tres tipos de polinización: la anemófila (por el viento), hidrófila (por el agua) y animal, donde destaca la entomófila (por insectos). Se trata de un servicio ecológico fundamental que muchas veces nos pasa desapercibido y es uno de los mutualismos más fascinantes de la naturaleza. Polinizadores animales y plantas con flores han coevolucionado durante millones de años alcanzando en algunos casos grados de especialización tan elevados que una especie no podría vivir sin la otra.

La polinización por insectos es fundamental para la seguridad alimentaria y para la biodiversidad. De ella depende la producción de más de una tercera parte de los alimentos a nivel mundial y cerca del 90% de las plantas silvestres con flor.

A nivel europeo, el 84% de los 264 cultivos europeos depende de este tipo de polinización y un estudio reciente de Greenpeace demuestra que el 70% de los principales cultivos para consumo humano producidos en España dependen también de la polinización por insectos. Cultivos tan importantes para la agricultura española como los melocotones, melones, sandías, pepinos, manzanas, calabazas, calabacines, peras, girasoles, almendras, cerezas… por citar solo algunos de un inmenso listado no serían viables sin los insectos polinizadores.

Otro argumento de peso es el económico. El impacto de la polinización entomófila supone 265.000 millones de euros a nivel mundial, 22.000 millones de euros en Europa y 2.400 millones de euros en España… ¡al año y solo para la agricultura! Para los ecosistemas su valor es incalculable.

Tipos de abejas hay muchos, aunque generalmente solo pensamos en la abeja melífera por sus preciados productos (cabe destacar que España es el principal productor europeo de miel y polen), pero su principal producto es la polinización y en esto no están solas. En el mundo existen entre 25.000 y 30.000 especies de abejas, en Europa 2.500 y en España más de 1.000. Constituyen una pieza fundamental de la biodiversidad, también en el engranaje de la vida tal como la conocemos y para la diversidad alimentaria.


Es de las abejas melíferas que más sabemos y sus poblaciones están sufriendo un claro declive global desde hace muchos años, con mayor o menor incidencia en algunos países. Pero también otras especies están padeciendo la misma suerte. Datos recientes de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) revelaron que el 46% de las 68 especies de abejorros europeos están en declive y 24% en peligro de extinción. También las mariposas. En las dos últimas décadas se han reducido a la mitad las poblaciones de mariposas de las praderas, según la Agencia Europea de Medio Ambiente. Y… ¿qué pasará con los demás polinizadores, para los que no hay datos?

Las causas de este declive son varias y actúan de forma aislada y en conjunto. La pérdida y deterioro de hábitats, cambio del uso de los suelos, enfermedades y parásitos, especies invasoras o cambio climático son factores determinantes pero sin duda este declive es también la punta del iceberg de un modelo de agricultura que tira piedras sobre su propio tejado, a través del uso masivo de plaguicidas y de la implantación de monocultivos.

Actuar sobre los plaguicidas es la forma más rápida y eficaz para reducir la presión que sufren. En este aspecto la Unión Europea fue pionera en restringir el año pasado cuatro insecticidas demostradamente peligrosos paras las abejas, pero estas restricciones deben ser reforzadas y ampliarse a otros plaguicidas igualmente peligrosos. La preocupación crece cada vez más e incluso el presidente Obama se ha pronunciado recientemente para defenderlas.

Pero una de las soluciones a largo plazo para frenar este preocupante declive de insectos polinizadores, fomentar su salud, pero también la biodiversidad terrestre en general y nuestra propia salud tiene nombre:agricultura ecológica. La agricultura ecológica es la única que trabaja con la naturaleza y no en su contra y nos ofrece alimentos sanos y sabrosos.

Un mundo sin abejas sería un mundo mucho más triste, descolorido y aburrido y de dudable viabilidad. Hay esperanza en el horizonte, pero nos toca actuar de forma decidida y rápida. Nos toca devolverles lo mucho que nos dan cada día. De las acciones de hoy dependen las generaciones futuras, no solo de abejas o plantas: también de la especie humana.

1 de septiembre de 2014

Guía ilustrada: lo que quizás no sabes de las abejas

Abejas
Aún hoy en día, consideramos a los sistemas de navegación satelital como "tecnología moderna" y nos maravillamos. Sin embargo, la humilde abeja melífera desarrolló naturalmente todas las aptitudes de esos aparatos y el ser humano conjugados para su eterna búsqueda de la flor perfecta.
Como si eso no fuera suficientemente milagroso, una abeja puede compartir su tesoro pasándole la información sobre la ubicación de esa flor a sus colegas.
Su secreto no es el uso de procesadores y chips, sino el ángulo del Sol, el conteo de puntos de referencia y los campos eléctricos.

Las increíbles técnicas para encontrar la flor perfecta

Las abejas han desarrollado unos métodos muy sofisticados para encontrar y comunicase con flores ricas en néctar. Cuando una abeja vuela, se carga positivamente, lo que causa una reacción cuando aterriza en la flor, cuya carga es negativa.

Un día de una abeja, en cifras

Un día de una abeja en cifras

Cómo se hacen la miel

Las abejas hacen la miel con todo el néctar dulce y pegajoso que recogen de las flores tras largos y complicados viajes de forajeo.
Panal y miel
Las abejas producen más miel de la que consumen.
El néctar se mezcla con las enzimas de las glándulas en la boca y se almacena en panales de cera con celdas hexagonales.
Una vez el contenido de agua alcanza alrededor del 17%, la celda es sellada con más cera hasta que la colonia la necesite.
Un enjambre fuerte en una buena temporada puede producir dos o tres veces más miel de la que necesita, y es ese excedente lo que se recoge para el consumo humano.
El tipo de miel producida depende de la especie de flor de la que se recolectó el néctar: la de flores de jardín es más líquida, mientras que la de las flores de los cultivos de canola es más dura.

El secreto de la estructura del panal

Los panales son una de las maravillas de la ingeniería natural. Fíjese en esta foto: parece algo hecho por una máquina en una fábrica. Las celdas son idénticas; cada una de las seis paredes se encuentra en un ángulo preciso de 120º.
Todas las abejas en cualquier lugar del mundo saben cómo construir estas estructuras, y lo han hecho durante miles y miles de años.
Panal
Pero, ¿por qué las abejas escogieron el hexágono para construir sus panales en vez del círculo, el triángulo o el cuadrado?
Hay otra razón que va más allá del instinto puro, y para entenderla hay que recurrir al lenguaje universal de toda la naturaleza: las matemáticas.
La necesidad primaria de las abejas es almacenar la mayor cantidad de miel posible usando sólo la cantidad de cera indispensable.
Para satisfacerla, no hay muchas alternativas para el patrón, le explica a la BBC el matemático británico Marcus du Sautoy.
Los pentágonos, por ejemplo, no encajan bien. Los círculos dejan muchas brechas.
Formas
Para producir una red de formas regulares que se acoplen a la perfección, realmente sólo hay tres opciones: triángulos equiláteros, cuadrados o hexágonos.
Formas
Los triángulos requieren de más cera que las otras formas; los cuadrados son un poco mejores pero los hexágonos son los que necesitan menos.
"Es una solución que sólo fue probada matemáticamente hace unos años: el diseño hexagonal es la solución de almacenamiento más eficiente. Con ayuda de la evolución, las abejas lo descubrieron solas hace millones de años", señala Du Sautoy.
Además, el hexágono es una estructura muy sólida.

Otro dato asombroso, antes de terminar

¿Cuántos kilómetros cree que una colonia de abejas tiene que volar para poder hacer un frasco de miel?
La distancia equivalente a darle dos vueltas al mundo: unos 88.500 kilómetros.